domingo, 11 de abril de 2010

Una sociedad que tiene sentido

Durante Semana Santa, cuando todos los estudiantes americanos evaporan de Sevilla para explorar Europa, yo fui a Holland, la tierra de molinos, fincas de queso, zapatos de madera, tulipanes, y muchos otras cosas. A mi me encanta mi semana en Holland, en Ámsterdam y en el campo. Visite la ciudad y también los lugares fuera del centro.

El primer día que estaba en Ámsterdam, me di cuenta que yo estaba en un lugar muy distinto. El hecho que la prostitucion y marihuana son legales puede ser una sorpresa, pero yo pienso que la carácter abierta de la ciudad refleja la sensibilidad que la cultura Dutch siempre ha tenido.

Durante su historia, la gente de Holland ha demostrado una dedicación a los negocios, un meta que hacia que todas las personas fueran aceptadas en la sociedad. Ámsterdam era un sitio de tolerancia; era la ciudad adonde iban las personas perseguidas de todo de Europa. Porque todo el mundo podía vivir y trabajar en paz, los negocios prosperaban. La sociedad era una de éxito y felicidad.

Pienso que esto tiene mucho mas sentido que las historias de la mayoría de Europa, como España, donde la religión domina el gobierno y las leyes del país. Las personas que no eran católicas fueron matadas o desterradas. Esto, además de ser cruel, era tonto, porque la expulsión de los árabes y los judíos en 1492 hacia que España no tuviera personas diversas e inteligentes.

Yo vivo en un país, los Estados Unidos, que le gusta presentarse como un sitio donde todo el mundo es bienvenido. Sin embargo, durante nuestra historia y hoy en día, muchas personas son excluidas y perseguidas y no pueden encontrar ayuda. Después de visitar Ámsterdam, yo pienso que la tolerancia real puede funcionar en la sociedad. Es el único sitio que he visitado donde he visto un fuerte sentido de igualdad y comunidad. 

jueves, 8 de abril de 2010

Residentes de una ciudad vs. turisticos

Hace mas de dos meses vivo en Sevilla, andando por las calles, asistiendo a mis clases y disfrutando de la vida nocturna. Yo se las rumbas mas convenientes para llegar al cine, a algún bar, o la café mas cerca. Estoy acostumbrada a la ciudad; tengo un instinto natural para localizar algún lugar. Pero, no se si yo tenga todo el conocimiento sobre la ciudad que es posible.

He viajado a ciudades en Andalucía como Córdoba y Granada, fui a Paris, y Ámsterdam y tengo planes para visitar Berlín. En todas estas ciudades, voy en giras y visitas guiadas. Aprendo todo de la historia y la cultura de la ciudad que yo pueda, porque estoy en un lugar extranjero y tengo tiempo limitado. Es decir, soy turística.

En Sevilla, sin embargo, no soy turística. Vivo aquí y tendría sentido si yo sepa mas sobre la ciudad que algún turístico. Pero, esto no es el caso. Mis padres me visitaron la semana antes de Semana Santa y ellos, como turísticos, querían ver todo y saber todo de la ciudad. Cuando ellos volvieron de giras con un montón de información,  yo me sentía un poco tonta, porque muchas veces la información seria nueva para mi. También, ellos visitaron a algunas lugares importantes que no he visitado. En una semana, ellos aprendieron muchos hechos historiales y información factual que yo, después de diez semanas, no sabia.

Mi madre ha comentado que cuando ella vivía en Nueva York, nunca visita museos importantes. Era solamente cuando vivía fuera de la ciudad que la idea de visitar los lugares importantes ocurrió a ella. Es posible que esto es una verdad, pero tengo solamente seis semanas mas aquí y estoy determinada aprender todo. 

Iguales en Las Tres Mil

A primera vista, uno pensaría que Gabriel Amat Ruiz y Francisco Borrego Vela fueran hermanos. Mientras hablamos con ellos, cuchichean entre sí, ríen y se abrazan my afectuosamente. Es como si estuvieran hablando en su propio idioma.
Sin embargo, Gabriel, o Gabri como prefiere que le llamen, y Francisco no son hermanos sino el mejor amigo el uno del otro. Los dos se cuentan entre los 545 alumnos del Instituto de Educación Secundaria Ramón Carande, situado en la linde del complicado barrio de Las Tres Mil Viviendas, también conocido como Polígono Sur, en la periferia del sur de Sevilla. El instituto ofrece las cuatro modalidades de bachillerato, además de un ciclo formativo de grado superior sobre actividades físico-deportivas. En el exterior del edificio, una imagen de Ramón Carande, el historiador y economista que da nombre al Instituto, decora la pared.
Con la excepción de un mosaico que muestra la frase “Con paz ganas siempre,” los pasillos en el interior del Ramón Carande son algo oscuros y descoloridos. No son como los de las centros de secundaria de los Estados Unidos, donde las paredes están cubiertas con dibujos y obras de los chicos. Sin embargo, el espíritu amable de los estudiantes es el aspecto más atrayente del instituto. Mientras nuestro grupo, formado por diez estudiantes universitarios norteamericanos que han venido hoy de visita, camina por los pasillos, chicos y chicas de todo el instituto nos rodean, preguntándonos de donde somos y hablándonos con entusiasmo.
A Gabri y a Francisco, que tienen dieciséis y quince anos respectivamente, les encantan jugar videojuegos, salir con sus amigos y con sus novias y por supuesto, jugar al fútbol. “El Sevilla es el mejor!” nos dicen los dos con un entusiasmo que muestra a las claras cuáles son sus colores.
Mientras que Francisco vive en Las Tres Mil, Gabri vive en un barrio conocido como Arriba. Cada uno de ellos tiene dos hermanos los cuales, a pesar de estar ya trabajando, viven en la casa paterna y comparten habitación con ellos.
Tanto Francisco como Gabri están contentos con sus estudios y esperan poder continuar con ellos más allá del Ramón Carande. Luego, Gabri querría trabajar como administrativo, pero Francisco no sabe lo que quiere hacer. Eso sí, lo que sea será en Sevilla, donde espera vivir toda su vida. Gabri tiene más inquietudes por viajar y ver otras ciudades del mundo, aunque le gusta la tranquilidad de Sevilla. A ambos les gustaría visitar los Estados Unidos.
Según Encarnación Quiroga, psicóloga y orientadora académica del Instituto, el 35% de los estudiantes del Ramón Carande van a la universidad después de obtener el bachillerato. Los que no lo hacen entran en un “Programa de Cualificación Profesional Inicial” para prepararse hacia un trabajo de cualificación media como mecánica, electricidad, contabilidad, peluquería, etc.; otros en cambio se iniciarán la vida profesional sin cualificaciones adquiridas. Quiroga destaca que los obstáculos escolares no son exclusivos de su instituto.
“…El problema de fondo,” comenta, “es que el Sistema Educativo no responde a las verdaderas necesidades de estos estudiantes y muchas de las estrategias que se ponen en marcha para ayudarles no funcionan.”
Para Quiroga, el principal problema con el que los decentes se encuentra “no sólo en nuestro centro, sino en todo el Sistema Educativo actual” es la falta de motivación de los estudiantes. Quiroga se manifiesta abiertamente crítica con los sistemas educativos de España sino, en general, en el mundo desarrollado “porque no se adapta al alumnado que tiene delante.”
Sin embargo, Quiroga parece creer que al final del día, el milagro que a veces se encuentra trabajando en un centro como el suyo, cuando un estudiante trasciende las limitaciones sociales o familiares y avanza en su vida, hacen que todo valga la pena.
Tal vez Gabri y Francisco sean parte de ese milagro diario.