A primera vista, uno pensaría que Gabriel Amat Ruiz y Francisco Borrego Vela fueran hermanos. Mientras hablamos con ellos, cuchichean entre sí, ríen y se abrazan my afectuosamente. Es como si estuvieran hablando en su propio idioma.
Sin embargo, Gabriel, o Gabri como prefiere que le llamen, y Francisco no son hermanos sino el mejor amigo el uno del otro. Los dos se cuentan entre los 545 alumnos del Instituto de Educación Secundaria Ramón Carande, situado en la linde del complicado barrio de Las Tres Mil Viviendas, también conocido como Polígono Sur, en la periferia del sur de Sevilla. El instituto ofrece las cuatro modalidades de bachillerato, además de un ciclo formativo de grado superior sobre actividades físico-deportivas. En el exterior del edificio, una imagen de Ramón Carande, el historiador y economista que da nombre al Instituto, decora la pared.
Con la excepción de un mosaico que muestra la frase “Con paz ganas siempre,” los pasillos en el interior del Ramón Carande son algo oscuros y descoloridos. No son como los de las centros de secundaria de los Estados Unidos, donde las paredes están cubiertas con dibujos y obras de los chicos. Sin embargo, el espíritu amable de los estudiantes es el aspecto más atrayente del instituto. Mientras nuestro grupo, formado por diez estudiantes universitarios norteamericanos que han venido hoy de visita, camina por los pasillos, chicos y chicas de todo el instituto nos rodean, preguntándonos de donde somos y hablándonos con entusiasmo.
A Gabri y a Francisco, que tienen dieciséis y quince anos respectivamente, les encantan jugar videojuegos, salir con sus amigos y con sus novias y por supuesto, jugar al fútbol. “El Sevilla es el mejor!” nos dicen los dos con un entusiasmo que muestra a las claras cuáles son sus colores.
Mientras que Francisco vive en Las Tres Mil, Gabri vive en un barrio conocido como Arriba. Cada uno de ellos tiene dos hermanos los cuales, a pesar de estar ya trabajando, viven en la casa paterna y comparten habitación con ellos.
Tanto Francisco como Gabri están contentos con sus estudios y esperan poder continuar con ellos más allá del Ramón Carande. Luego, Gabri querría trabajar como administrativo, pero Francisco no sabe lo que quiere hacer. Eso sí, lo que sea será en Sevilla, donde espera vivir toda su vida. Gabri tiene más inquietudes por viajar y ver otras ciudades del mundo, aunque le gusta la tranquilidad de Sevilla. A ambos les gustaría visitar los Estados Unidos.
Según Encarnación Quiroga, psicóloga y orientadora académica del Instituto, el 35% de los estudiantes del Ramón Carande van a la universidad después de obtener el bachillerato. Los que no lo hacen entran en un “Programa de Cualificación Profesional Inicial” para prepararse hacia un trabajo de cualificación media como mecánica, electricidad, contabilidad, peluquería, etc.; otros en cambio se iniciarán la vida profesional sin cualificaciones adquiridas. Quiroga destaca que los obstáculos escolares no son exclusivos de su instituto.
“…El problema de fondo,” comenta, “es que el Sistema Educativo no responde a las verdaderas necesidades de estos estudiantes y muchas de las estrategias que se ponen en marcha para ayudarles no funcionan.”
Para Quiroga, el principal problema con el que los decentes se encuentra “no sólo en nuestro centro, sino en todo el Sistema Educativo actual” es la falta de motivación de los estudiantes. Quiroga se manifiesta abiertamente crítica con los sistemas educativos de España sino, en general, en el mundo desarrollado “porque no se adapta al alumnado que tiene delante.”
Sin embargo, Quiroga parece creer que al final del día, el milagro que a veces se encuentra trabajando en un centro como el suyo, cuando un estudiante trasciende las limitaciones sociales o familiares y avanza en su vida, hacen que todo valga la pena.
Tal vez Gabri y Francisco sean parte de ese milagro diario.